Vitrales, esculturas, imágenes devocionales… Santa Maria del Mar está llena de obras artísticas que contribuyen, con su belleza y valor patrimonial, a hacer de la visita al templo una experiencia excepcional.
Elevadas tras el altar mayor de Santa Maria del Mar se encuentran las tribunas, recientemente abiertas al público tras una restauración que ha permitido recuperar su esplendor. Aparte de las vistas privilegiadas que nos ofrece sobre el interior del templo, se pueden observar restos pictóricos de gran valor y se exponen importantes obras de arte.
Destacan los estípites del antiguo retablo barroco desaparecido tras el incendio de la Guerra Civil y los vitrales que representan la Ascensión de Cristo y el Lavatorio de los Apóstoles, uno de los últimos fragmentos de época fundacional de la basílica y uno de los mejores conjuntos de arte del vitral de Barcelona.
La gran mayoría de los vitrales de Santa Maria del Mar desaparecieron bajo las llamas del incendio de 1936, pero el del Juicio Final (1474) o el del Pentecostés y la Santa Cena (1711) han sobrevivido hasta la actualidad.
Destaca también el rosetón principal, dedicado a la Coronación de María y uno de los iconos del templo, que tuvo que ser recostruïdo después de que un terremoto hundiera el original en 1428. Desde las cubiertas todavía se aprecian las grietas que dejó el terremoto.
Las espectaculares claves de bóveda de la nave central, vinculadas en la mayor parte a episodios de la vida de la Virgen, completan la iconografía del rosetón principal y confieren al templo un toque de color muy especial. Aunque se repintaron después de los efectos devastadores del incendio de la Guerra Civil, aquí y en otros espacios del templo se han encontrado restos de policromía que podrían indicar que la iglesia estuvo decorada a nivel pictórico durante su construcción. ¡Todo un espectáculo para los sentidos!
La reciente reforma de la Capilla de San Ignacio de Loyola en Santa Maria del Mar ofrece un espacio de contemplación en el mismo lugar donde San Ignacio, durante su estancia más larga en Barcelona (entre 1524 y 1526), pedía limosna para luego repartirla entre los más necesitados.
En la capilla se encuentra la escultura de San Ignacio, obra de Lau Feliu Maspons, un pequeño altar y dos imágenes devocionales de la Cruz de Tort de Manresa y la Madre de Dios de Arantzazu relacionadas con la experiencia espiritual del santo.